El Sentido de la Vida

27 agosto 2006 ·

Una amiga muy querida por mi y que no conozco personalmente, ella es uno de mis angelitos de internet, me envió un libro que quería que leyera, este se llama "El Sentido de la Vida" y está escrito por el Padre Ignacio Larrañaga.

Yo leo mucho, me encanta, así que abrí mi librito y me di cuenta que es una especie de diario para leer una frase cada día y me gustó mucho. Como todo, hay frases que te llegan al alma y algunas con las que no concuerdas, pero estas que quiero dejar aqui son las que más me gustaron y se acomodan o acomodaron a la situación que estaba viviendo en ese momento. Otras son simplemente ese tipo de frases que lees y te dejan pensando. De cualquier forma las dejo plasmadas aquí esperando que a alguien le lleguen como lo hicieron conmigo. Las frases estan colocadas hasta el día de hoy que he leído el libro, las restantes que me gusten las colocaré cuando lo termine.

  • Los barcos varados esperan la marea para hacerse a la mar; pero nosotros, con nuestros apuros, no podemos anticipar las mareas.
  • Las flores perecen, pero las semillas permanecen.
  • Estás sustancialmente presente en mi ser entero. Tú me comunicas la existencia y la consistencia. Eres la esencia de mi existencia. En ti existo, me muevo y soy. Eres el fundamento fundante de mi realidad, mi consistencia única y mi fortaleza. Todavía no ha llegado la palabra a mi boca, todavía mi cerebro no ha elaborado un solo pensamiento, todavía mi corazón no concebió un proyecto, y ya todo es familiar y conocido para ti: pensamientos, palabras, intenciones, proyectos. Sabes perfectamente el término de mis días y las fronteras de mis sueños. Dondequiera que esté yo, estás tú; dondequiera que estés Tú, estoy yo; yo soy, pues, hijo de la inmensidad.
  • La vida es un privilegio. ¿Quién puede abatir la altivez de las montañas o detener la marcha de las estrellas? dejar que las cosas sean; he ahí la fuente de la paz. Respetar las cosas pequeñas. Las grandes se hacen respetar por sí solas.
  • El amor que no se dá contínuamente está muriendo lentamente.
  • Esta vida es siempre una partida. Siempre un desprendimiento y una ofrenda. Siempre un tránsito y una pascua...
  • Todo parece fatalidad ciega. Sucesivas desgracias caen sobre nosotros con tanta sorpresa como brutalidad. La traición nos acecha detrás de las sombras, y ¿quién iba a pensar?, en la propia casa. A voces se experimenta la fatiga de la vida y hasta ganas de morir. ¿Qué se consigue con resistir los imposibles? En esos momentos nos corresponde actuar como María: cerrar la boca y quedar en paz. Nosotros no sabemos nada. El Padre sabe todo. Si podemos hacer algo para mudar la cadena de los sucesos hagámoslo. Pero ¿para qué luchar contra las realidades que nosotros no podemos cambiar?
  • El liberador es Dios, pero la liberación no se consumará mágicamente. Mientras el hombre se mantenga centrado en sí mismo, encerrado en los muros del egoísmo, será víctima fatal de sus propios enredos y obsesiones, y no habrá liberación posible. El problema consiste siempre en confiar, en depositar en sus manos las inquietudes, y en descargar las tensiones en su corazón.
  • Señor, envíame cada alborada un ángel para que arranque de mi corazón los cardos y las ortigas, por si, durante la noche, el enemigo los hubiere plantado. Padre, estoy metido en el punto exacto donde se cruzan las corrientes; no sueltes tu mano de mi mano, y no te olvides de cantarme cada noche la canción de cuna.
  • Todo, en la vida, está sometido a esas tres temibles leyes: la ley del desgaste, la ley del olvido y la ley de la muerte. A esos tres inexorables océanos se le escapan al hombre todas sus posesiones: la gloria, la belleza, la salud, la vida...Todo se le deshace, todo se le desgasta, todo se le desmoronoa, todo se le desvaneces, en suma, todo se le va, y nada puede retener. He ahí su mayor desdicha.
  • El corazón del hombre es un pozo infinito que infinitos finitos jamás lo llenaran.
  • El obstáculo mas temible, en el camino de la fe, es el silencio de Dios. "Dios es aquel que siempre calla; he ahí el fondo de la tragedia", decía Unamuno.
  • Dame, Señor, la sabiduría para comprender que ningún ser humano es capaz de captar enteramente la verdad toda, y que no existe error a desatino que no tenga alguna parte de verdad.
  • Dame, Señor, la sensatez para reconocer que también yo puedo estar equivocado en algún aspecto de la verdad, y para dejarme enriquecer con la verdad del otro. Dame, en fin, la generosidad para pensar que también el otro busca honestamente la verdad, y para mirar sin prejuicios y con benevolencia las opiniones ajenas.
  • Ten siempre presente que la existencia es una fiesta, y el vivir, un privilegio. Hay una planta que debes cultivar diariamente con especial cuidado y mimo: la alegría. Cuando esta planta inunde tu casa con su fragancia, todos tus hermanos, y hasta los peces del río, saltarán de alegría.
  • Desprendido de si mismo y de sus cosas, el corazón humilde entra en el seno profundo de la libertad. Le tienen sin cuidado lo que piensen o digan de él, y su morada permanente está en el reino de la serenidad. Nada tiene que defender, porque nada posee. A nadie amenaza y por nadie se siente amennazado.
  • No es la fatalidad ciega la que, como negro corcel, impone y determina cuanto sucede a nuestro lado, ni somos hojas de otoño a merced de las reacciones psicológicas o de los condicionamientos genéticos.
  • Esas estrellas azules y rojas parpadean desde la eternidad. Sé como ellas: no te canses de brillar. Siembra por los campos secos y las cumbres agrias la esperanza y la paz, aunque tus ojos no vean las espigas doradas. Los hambrientos un día verán.
  • Como la madre que extrema sus cuidados precisamente con el hijo más desvalido, amarás tú esa frágil vasija que es tu persona, precisamente por lo que y en lo que tiene de quebradiza, y la envolverás con un abrazo de piedad y ternura. Esto puede sonarte a autocompasión, pero no lo es, sino todo lo contrario.
  • Convéncete: te salvarás de la melancolía. Y otra cosa: sólo tú puedes salvarte. Di a tu alma: yo quiero vencer, y venceré. No te olvides de que puedes mucho más de lo que imaginas.
  • Los sueños, arrójalos a la basura; las llamas, apágalas, y toma serena y sabiamente en tus manos la fría realidad: eres como eres. Y, de todas maneras, a pesar de tus reticencias y repugnancias, eres una maravilla. Transforma tus sufrimientos en brazos de compasión para ti mismo y tus entrañas en un regazo de acogida. Acéptate a ti mismo, no como te gustaría ser, sino como relamente eres.
  • He ahí el programa: controlar todos los ímpetus agresivos que se levantan desde el egoísmo, suavizarlos, transformándolos en energía de amor, y relacionarlos unos con otros en forma de apertura, comprensión y acogida.
  • Si cuando estás angustiado y dominado porla impresión de que en el mundo no hubiera otra cosa que tu disgusto, si en esos momentos pensaras un poco en la relatividad de todas las cosas, ¡qué vaso de alivio para tu corazón!
  • ¡Felices los que, en medio de la oscuridad de una noche, creyeron en el resplandor de la luz!
  • Si supiéramos comprender no haría falta perdonar...
  • El barco hace agua por todas partes en alta mar. No se ve nada. ¿No se ve nada o no hay nada?
  • Todo es tan efímero como el rocío de la mañana. Nada permanece, todo pasa. ¿Para qué angustiarse?
  • Para amar es necesario ser libre. Nuestras desgracias provienen del hecho de extender un cordón umbilical, el cual siempre encadena, y por ende esclaviza. Todo cuanto ata sujeta. Y el sujetado no es sujeto sino objeto. Toda ligadura es, pues, sujeción. Una cosa es tener y otra retener. Una cosa es usar y otra apropiarse.
  • El humilde no se avergüenza de sí ni se entristece. No conoce complejos de culpa, ni mendiga compasión, no se perturba ni se entristece.
  • El hombre humilde respeta todo, venera todo; juzga, no presupone; no tiene actitudes posesivas ni negativas.
  • La razón le dicta una cosa, la emoción otra. Desea mucho y puede poco. Lucha por agradar a todos y no lo consigue. Busca armonía consigo mismo, pero siempre está en tensión. Experimenta sensaciones desabridas, como la ansiedad, el miedo... y no sabe cómo ahuyentarlas. Su mente es, con frecuencia, una prisión en la que se siente atrapado y no acierta a salir de esa prisión. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer para llegar a ser dueño de su mente, de sí mismo?
  • Hay personas que socialmente funcionan bien, pero sufren insomnio, depresión...Cuando se les pregunta por su abatimiento sacan a relucir sus problemas profesionales o matrimoniales. Pero no es ése su verdadero problema. Su problema es la sensación que tienen de que la vida se les va sin haberla vivido.
  • En la verdadera relación tiene que haber integración de dos interioridades y no absorción. Tiene que haber unión, no identificación, porque en toda identificación cada uno pierde su identidad.
  • Despertar es el primer paso para "salvarse". El hombre sufre porque está dormido. Despertar es tomar conciencia de que los hechos consumados, consumados están y es inútil darse de cabeza contra ellos. Despertar es darse un toque de atención para tomar conciencia de que estabas torturándote por pesadillas que son pura fantasía, de que estabas dramatizando episodios insignificantes, de que tus aprensiones eran sueños vacíos y tus temores puras quimeras. Déjalos a un lado. Tomar conciencia de que todo pasará, de que todo es efímero y transitorio como las olas, como las nubes, como los vientos; que las penas suceden a las alegrías y las alegrías a las penas; que aquí todo es relativo, y lo relativo no tiene importancia o tiene una importancia relativa. Despierta.
  • Vivir es el arte de ser feliz.
  • No hay lógica ni línea recta en el comportamiento humano. De pronto, en los días azules, su alma está nublada; y en los días nublados su alma está azul. De repente, cuando sus negocios van viento en popa, su ánimo está por los suelos; y cuando, a su derredor, todo es desastre y ruina, no se sabe que ángel interior le da estímulo y aliento para seguir luchando.
  • Es necesario despertar uno y otra vez, y tomar conciencia de que se vive una sola vez; que este menú no se repite, y que tampoco podemos regresar a la infancia para reiniciar la aventura. Los años no perdonan. La mayor desdicha humana consiste en experimentar que la existencia se nos escurre de entre las manos sin haber saboreado la dicha de vivir. Vale la pena poner todo el esfuerzo en la tarea de las tareas: alejar de nuestras fronteras los enemigos de la vida: el sufrimiento y la tristeza.
  • El dominio mental es un tesoro incomparable y la llave del reino de la serenidad. No hay peor prisión ni más dura esclavitud que una mente ocupada por obsesiones fijas. Soberanía significa ser árbitro de sí mismo, de toda su actividad mental.
  • Mientras las posibilidades están dadas y los horizontes abiertos, hay que librar el combate de la liberación poniendo todo el entusiasmo, sabiduría de la vida, experiencia de los años y la colaboración de los demás para mejorar o eliminar los males que nos asedian. Pero si las puertas están cerradas y no hay nada que hacer, es locura reaccionar airadamente, como si pudiéramos anular lo irremediable con emociones agresivas. He aquí la norma: los imposibles, dejarlos.
  • Todo lo que sucedió desde este minuto para atrás es un hecho consumado, un imposible. Hace cinco años te calumniaron. Hace una semana hiciste el ridículo. Un para de años atrás tuviste aquellas lamentable equivocación. Hace nueve meses estviste a punto de perder el empleo por quella sarta de mentiras y calumnias... Los hechos ya están consumados; la locura consiste en revivir aquellos sucesos recordándolos, reviviéndolos, actualizándolos como si estuvieran sucediendo en este momento. Es una gran insensatez revivir una historia irremediablemente muerta. Sólo tu sufres. Las furias de tu corazón nada podrán hacer para que lo que sucedió no hubiera sucedido. Las aguas del río que pasaron no vuelven a pasar. Réquiem, pues, sobre las hojas muertas y los archivos olvidados. Tú levanta la cabeza y avanza hacia un mundo de alegría y esperanza.
  • He aquí la regla de oro: dejar que las cosas sean lo que son. No resistas. No te enojes, y en lugar de irritarte, tranquilamente, casi cariñosamente, deja que cada cosa, una por una, sea lo que es.
  • Te vas o no te vas; haces o dejas de hacer; dices o dejas de decir. Y la gente, a tú derredor, comienza con una retahíla de suposiciones e interpretaciones: no vino para no comprometerse; se fue allí con tal intención; dijo esto, pero quería decir aquello. Y la gente proyecta en ti sus propios mundos, lo que ellos harían, presuposiciones enteramente subjetivas y gratuitas, con frecuencia al filo de la calumnia. Y así comienza a formarse una imagen distorsionada sobre ti que va transformándose en caricatura. Es injusto, no hay derecho.
  • Si el lector se detiene un momento y vuelve la mirada hacia atrás en su vida y reflexiona un poco, descubrirá que ciertos acontecimientos dolorosos que, en su tiempo los consideró tremendas desgracias, hoy, a la vuelta de diez años, han resultado ser hechos providenciales que le han traído bendición, desprendimiento de sí mismo y sabiduría.
  • Aceptar es salir de sí mismo y situarse en el lugar del otro, "dentro" de él, para analizarlo "desde" él mismo y no desde mi perspectiva.
  • La tranquilidad mental es un estado en el que el hombre deja de adherirse a esa imagen ilusoria. La liberación consiste en vaciarse de si mismo, en extinguir ese fuego fatuo, en despertar y tomar conciencia de que estabas abrazado a una sombra cuando te aferrabas tan apasionadamente a ese "yo". Extinguido el "yo", se apagan también aquellas emociones que era, al mismo tiempo, madres e hijas del "yo": temores, deseos, aversiones, angustias, agresividad...Y, apagadas las llamas, nace en el interior un profunfo descanso, una gran serenidad.
  • La vida nace, brilla y se apaga. El dolor físico es providencial porque delata la enfermedad. Cuántas veces una sacudida fuerte en la propia historia sirvió para enmendar errores y emprender rumbos acertados.
  • El que no ha sufrido se parece a una caña de bambú: no tiene meollo, no sabe nada. Un gran sufrimiento es como una tempestad que devaste y arrasa una amplia comarca. Una vez que pasó la prueba, el paisaje luce sereno y lleno de calma.
  • Los que siempre se mueven en la superficies jamás sospecharán los prodigios que se esconden en las raíces.
  • Perdonar a los demás es relativamente fácil. Perdonarse a sí mismo es mucho más difícil.
  • Aquí estoy. Nadie me pidió autorización para ser empujado a la existencia. Estoy aquí sin permiso mío. La existencia no me la propusieron, me la impusieron. Puedo decir que, en cierto sentido, estoy "aquí" en contra de mi voluntad. Estoy abocado a la muerte igual que el día está abocado a la noche. No opté por esta vida, como tampoco opto por la muerte que me espera. Montado sobre este potro que es el tiempo, cada momento que pasa es una pequeña despedida, porque estoy dejando atrás tantas cosas que amo, y en cada momento muero un poco.

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